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Tuesday, 21 June 2016

SumVoces: Transparencia y protección de datos, las herramientas que Venezuela necesita

Nuestra última entrega de SumVoces contó Rim Hayat Chaif de Argelia, en inglés y árabe. Este mes os traemos abogada venezolana y activista de derechos digitales, Marianne Díaz Hernández, en inglés y español.

Abogada venezolana y activista de derechos digitales, Marianne Díaz HernándezLa omnipresencia de la tecnología está justo en el límite de convertirse en algo que ya no notamos, algo que damos por sentado y en lo cual no pensamos demasiado. A medida que esto sucede, las entidades a cargo de proveer servicios tecnológicos sólo incrementan la cantidad de información que recolectan de nuestras actividades, y tanto compañías como gobiernos utilizan esta información para su provecho, en ocasiones en contra de las leyes de privacidad, pero incluso más aún en lugares donde estas leyes no existen. En Venezuela, no existen leyes en relación con la protección a los datos personales, incluyendo su recolección y su manejo. Al mismo tiempo, el gobierno está recabando enormes cantidades de datos (desde huellas digitales hasta consumo de alimentos) y cerrando esta información tras cercos, haciéndola inaccesible a los ciudadanos y a la sociedad en general.

Mientras por un lado, los datos personales y los metadatos son recabados sin seguir ningún estándar, y las comunicaciones privadas son violadas de manera regular, por otro lado, la información gubernamental es inaccesible o está enterrada profundamente bajo capas interminables de burocracia. El principal argumento contra el alegato de que Venezuela tiene las tasas de inflación y de homicidios más altas del mundo, yace en el hecho de que no hay cifras oficiales para éstos o para un sinnúmero de otros asuntos públicos: enfermedades y epidemias, distribución de alimentos y escasez, hambre y pobreza, así como los indicadores económicos, son publicados sólo a conveniencia del gobierno y no pueden ser solicitados por los ciudadanos. Un par de años atrás, una organización no gubernamental solicitó información con respecto a cuántos sitios web estaban siendo bloqueados por el gobierno (alrededor de 1.500, de acuerdo con investigaciones independientes) y las razones y procedimientos para tales bloqueos. La respuesta del Tribunal Supremo fue declarar que toda la información de telecomunicaciones era “secreto de Estado”, y que esta ONG no tenía derecho a requerir tal información.

La falta de estándares legales en torno al acceso a la información puede ser dañina tanto para la transparencia como para la privacidad. No haber establecido qué datos son considerados públicos (y deben ser liberados) y qué datos son considerados privados (y deben ser protegidos) puede crear un entorno en el cual la información fluye de acuerdo a los intereses particulares de los actores públicos y privados que detentan el poder, en lugar del interés público. Como ciudadanos, la falta de control que tenemos sobre nuestra información privada puede ser usada como herramienta para la opresión, la censura y la presión política. En el caso de Venezuela, por ejemplo, la interconexión de la información biométrica, que es usada en los sistemas electorales así como en los sistemas de distribución alimentaria, es percibida por muchos ciudadanos como si pudiera tener un impacto directo en su capacidad para alimentarse a sí mismos y a sus familias. Como consecuencia, las personas podrían sentir propensión a restringirse de involucrarse en la vida política del país, como una medida de autopreservación.

La Asamblea Nacional venezolana se encuentra debatiendo el proyecto de una ley que, de ser aprobada, se convertiría en la primera en regular el manejo y publicación de información pública. Esta ley podría proporcionar a los ciudadanos las herramientas legales para requerir información pública del gobierno, así como mecanismos de rendición de cuentas, en el caso de que los servidores públicos no cumplan con su obligación de liberar información pública. Aunque esto podría parecer un estándar mínimo para los datos abiertos, para Venezuela significaría un cambio trascendental en la forma en la que las políticas públicas son creadas y aplicadas, y en la manera en la que los ciudadanos podrían involucrarse en la creación de políticas públicas y la rendición de cuentas. Es una gran oportunidad para crear un conjunto de estándares en torno a la información pública, así como a los límites entre lo público y lo privado, junto con mecanismos que permitirían a los ciudadanos tomar medidas para proteger su información personal que yace en manos de actores estatales. Mientras la capacidad de obtener información en torno a procesos y políticas públicas es una poderosa herramienta para la transparencia, la innovación y la lucha contra la corrupción, la capacidad de controlar la forma en que nuestros datos personales son recabados, tratados, almacenados y compartidos podría ser una de las garantías más importantes que podemos ganar para la protección de nuestras libertades en línea.

Marianne Díaz Hernández contribuyó con anterioridad a SumVoces con "Digital Security Starts With Contextual Risk Assessment" ("La Seguridad Comienza digitales con el Análisis de Riesgos contextual"). Ella está involucrada en iniciativas como Creative Commons Venezuela y Acesso Libre y contribuye a Global Voices y el blog de Amnistía Internacional. Seguirla @mariannedh.



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Tuesday, 15 March 2016

SumVoices: La seguridad digital comienza con el análisis de riesgos contextual

Our last installment of SumVoices featured an anonymous contributor from Algeria, in English and Arabic. This month we bring you Venezuelan digital rights activist and digital security trainer, Marianne Díaz Hernández, in English and Spanish.

SumVoices, Venezuela, Marianne Díaz Hernández, digital security trainingDurante los últimos seis años, he sido una activista por los derechos digitales en Venezuela, y una parte importante de mi trabajo se ha enfocado en entrenamientos de seguridad digital dirigidos a audiencias en riesgo: activistas, periodistas y estudiantes que están comenzando a defender sus derechos civiles. En mi experiencia, un concepto que se deja de lado a menudo en el campo del entrenamiento en seguridad digital es el del análisis y evaluación de riesgos. Mientras que en ciertos contextos, el análisis de riesgos es más bien un término cliché que se deja caer—una suerte de palabra clave, como “emprendimiento” o “sinergia”, en otros contextos donde a menudo es pasado por alto, solemos estar perdiendo algo muy importante: el hecho de que las herramientas y las tácticas no son universalmente aplicables, y por tanto, el hecho de que podríamos estar apuntando al objetivo equivocado al elegir ciertas herramientas sin tener un entendimiento completo de la naturaleza de los riesgos que están presentes.

Esto es algo que se vuelve particularmente importante no sólo para aquellos entre nosotros que llevamos a cabo entrenamientos dirigidos a diferentes audiencias, sino también para aquellos que diseñan materiales de entrenamiento, manuales y software que será usado por personas en riesgo. Comprender los matices del riesgo cuando observamos diferentes escenarios puede a menudo significar la diferencia entre diseñar un manual o una aplicación que será usada por muchas personas en muchos contextos, en vez de crear algo que sólo aquellos con el mismo ambiente que nosotros podrán usar.

Algunos puntos a considerar al crear estrategias que sean aplicables a diferentes escenarios incluyen:

  • ¿Cuál es el alcance de la conexión a Internet? ¿Qué velocidad y calidad de conexión está disponible?: Cuando recomendamos aplicaciones de transmisión en directo, como Periscope, en el contexto latinoamericano—particularmente en Venezuela, donde actualmente lidiamos con una de las peores conexiones, más lentas y más caras del mundo, a menudo nos enfrentamos al hecho de que las conexiones a Internet no son confiables y las velocidades de carga se quedan muy cortas, sin mencionar el hecho de que la conexión es a menudo pagada en megabytes y extremadamente costosa. Algunas personas no pueden contar con acceso a Internet en sus hogares, y algunas sólo pueden conectarse una vez a la semana o al mes. 

  • ¿Qué tecnología está disponible? ¿Es compatible esto que he creado?: Esto a menudo se deja de lado al crear aplicaciones que funcionan exclusivamente en ambientes iOS, y por tanto no pueden ser empleadas por muchas personas que carecen de recursos económicos y son quienes se encuentran en riesgo más a menudo. La compatibilidad es también dejada de lado al crear aplicaciones que sólo funcionan en versiones más recientes de algunos sistemas operativos, haciendo caso omiso del hecho de que muchas personas en países en desarrollo sólo tienen acceso a las versiones más recientes, a menudo obsoletas, de sistemas operativos que vienen con dispositivos más económicos.

  • ¿Es legal usarlo? ¿Debería advertir a los usuarios sobre posibles consecuencias legales?: Tecnologías como el cifrado y prácticas como el anonimato son ilegales en muchos países. Por ejemplo el anonimato está prohibido en Venezuela, y el cifrado es ilegal en Rusia y Túnez. Si alguien va a tomar la decisión de usar tecnología que pudiera ponerlos en un riesgo mayor, esta decisión debería ser tomada desde una posición de conciencia informada.

  • ¿Es comprensible? ¿Es accesible? ¿Tiene sentido en un contexto cultural determinado?: En muchos lugares, particularmente en aquellos donde todavía sobreviven y coexisten lenguas indígenas, el idioma es una barrera que puede evitar que las personas accedan a ciertas herramientas y materiales. En mi experiencia entrenando poblaciones indígenas en riesgo en Venezuela, los entrenamientos tienen que ser llevados a cabo en español, que es el idioma legal del país y es a menudo el idioma del entrenador, pero no es la lengua materna de la audiencia. Incluso cuando lo intentan, las traducciones de mala calidad tienen el potencial de convertirse en un peligro en lugar de una ayuda. Considerar los aspectos culturales también significa tener en cuenta los riesgos de sacar un celular en la calle en ciertos lugares, o simplemente de llevarlo consigo cuando salen de sus hogares.

Aunque es imposible enumerar cada uno de los aspectos que debemos considerar, a menudo simplemente estar atento y consciente de las diferencias y estar abierto a hacer preguntas y a escuchar las respuestas es un buen comienzo. Al igual que en muchas otras circunstancias, la capacidad de luchar contra nociones preconcebidas y presunciones es la clave para abrir una puerta que nos llevará a soluciones más diversas en seguridad digital.


Venezuelan lawyer and digital rights activist Marianne Díaz Hernández is involved in initiatives including Creative Commons Venezuela and Acesso Libre. She also contributes to Global Voices and guest blogs for Amnesty International. Follow her @mariannedh.



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